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A mi hijo no le gusta Rafa Nadal[ + ]

Los españoles no nos identificamos con los valores que representa Nadal. Y eso explica mucho de dónde venimos y dónde estamos. Si somos capaces de asumir como país las virtudes de Rafa podremos afrontar un futuro más prometedor. Para eso, necesitamos cambiar rasgos esenciales de nuestra identidad. ¿Estamos dispuestos a aceptar ese reto?

A mi hijo no le gusta Rafa Nadal. Él es de Federer. Si Federer fuera sevillano o de Burgos, estoy seguro de que todos los españoles iríamos con Roger. Federer representa el talento, el genio, la brillantez. Federer baila por la pista. Federer no suda. De su raqueta salen golpes mágicos, sorprendentes, inspiradores.

Federer es mucho más español que Nadal. O representa mejor los valores con los que nos identificamos los españoles.

Los valores que representa Nadal nos son ajenos. ¿Se imaginan a un español humilde? Si hasta un hombre gris como Rajoy presume de que ha sido él el que ha forzado a toda Europa a pasar por el aro.

Muchos de nuestros políticos se llenan la boca hablando de la cultura del esfuerzo. Pero en España despreciamos a los empollones. Nos gusta el pícaro. Somos los inventores de la cultura del pelotazo. No somos un país de empresarios. Somos, éramos hasta ayer, un país de promotores y funcionarios.

Nos gusta el juego bonito. El rasgo de genio, aunque sea inútil. Trabajar sin mancharse las manos. Amancio Ortega nunca será tan popular como lo fue Mario Conde al principio de la transición. Cuando Juan Roig, el de Mercadona, nos dice que tenemos que trabajar como chinos ponemos el grito en el cielo. ¡Qué se habrá creído ése! Cuando Florentino inventó aquello de Zidanes y Pavones, nos quedamos con los galácticos.

Mucha gente no sabe que Nadal no es zurdo. Su tío Toni le forzó de pequeño a jugar con la izquierda porque eso representaba una ventaja competitiva. ¿Se imaginan a un empresa española haciendo algo similar –ir contra tu propia naturaleza- para competir con los líderes del mercado? The Economist afirma que justo eso tendrán que hacer los países del euro para salir de la crisis: enfrentarse a su talón de Aquiles, transformar rasgos esenciales de su identidad. Necesitamos, decía en su editorial del 12 de mayo, una Alemania tolerante con la inflación y estimuladora del gasto; una Francia capaz de reformar su Estado y una Italia que aspire a la madurez política.

Nadal es fuerza mental. Concentración. Esfuerzo. Preparación. Sacrificio. Constancia. No hay nadie más competitivo que él. El triunfo de Nadal es el triunfo de la voluntad. Ha buscado un estilo que atenúa la debilidad de su juego y propicia los fallos de sus adversarios.

España necesita asumir los valores de Nadal. Tenemos que reinventar nuestra marca y cambiar nuestro relato corporativo. Tener el orgullo necesario para aspirar a ser campeón a pesar de nuestras debilidades. Apretar los dientes, correr detrás de cada bola y comprender que el éxito como país depende del esfuerzo y sacrificio de todos.

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