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Fracasar con elegancia[ + ]

La revista Harvard Business Review dedica su número de mayo al fracaso. En estos tiempos difíciles, en los que las iniciativas profesionales y los proyectos personales fracasan con mayor frecuencia de lo habitual, no está de más dedicar un poco de reflexión al asunto.

Planificar el fracaso

Amy C. Edmondson, catedrática de Harvard Business School, explica que “las organizaciones excepcionales no se conforman con detectar y analizar los fracasos, sino que intentan producir fracasos de forma inteligente con el objetivo expreso de aprender e innovar”.

Fracasar es una buena forma de aprender, especialmente si el aprendizaje es deliberado y bien programado. En estos tiempos de crisis, una Estrategia de Fracaso Sistemático puede ser una buena estrategia de negocio, aunque tal vez sonaría más vendible si la rebautizamos como   Estrategia de Experimentación Sistemática.

En definitiva, se trata de poner a prueba muchas ideas y proyectos, a ser posible innovadores y potencialmente viables, con la seguridad de que la mayoría de ellos fracasarán. El éxito de alguno de los proyectos puede compensar con creces el fracaso del resto, y en cualquier caso podremos extraer de la experiencia un valioso aprendizaje. No es una estrategia muy distinta a la de las compañías americanas de capital riesgo que invierten en start-ups; en este caso, las start-ups son nuestras propias ideas.

Para que esta estrategia tenga éxito, es importante tener claros unos cuantos principios operativos: el fracaso debe ser rápido y barato, debes aprender de él, y debes saber de antemano cómo identificarlo.

Fracasa rápido; prueba cuanto antes los elementos claves de tu proyecto. No te enredes en planificar demasiado. Si la idea funciona, lo notarás rápidamente.

Fracasa barato; limita de antemano las consecuencias del fracaso. Asume riesgos limitados y bien calculados.

Aprende del fracaso; identifica las causas y las claves del fracaso. Te servirá para no repetir los mismos errores.

Decide de antemano cuándo es el momento de parar; antes de empezar, fija una estrategia inteligente para cancelar el proyecto. Evita que la inercia de las cosas en marcha prolongue innecesariamente algo que nunca va a funcionar.

Actitud positiva y una buena narrativa.

Lo peor del fracaso no es casi nunca el fracaso en sí, sino el sentimiento de desamparo y miseria que provoca.

Una actitud autoconsciente contribuye a reforzar las habilidades necesarias para afrontar las situaciones de fracaso. Reconocer las propias vulnerabilidades, evitar las “trampas mentales”. No generalizar más de la cuenta. Evitar juzgar a las personas o a las situaciones tras una primera impresión. Comprender que tras un fracaso es lógico que se resienta la confianza en uno mismo, en los demás y en el futuro. Identificar la ansiedad, y reducirla mediante técnicas de control de pensamientos e imágenes intrusivas.

Reflexionar fríamente sobre los mecanismos mentales de mi personalidad. ¿Soy demasiado sensible a la crítica, y la veo como una traición? O, por el contrario ¿tiendo a asumir un grado de culpa mayor que el que me corresponde? ¿Cómo ando de autoestima, me falta o me sobra? Un análisis honesto de mis procesos mentales me ayudará a reforzar la fortaleza emocional, social, familiar y espiritual y a mantener bajo control los pensamientos y emociones destructivas.

Una actitud positiva me permitirá construir una narrativa en la que el fracaso no es sino una encrucijada vital que pone de relieve las paradojas de la vida, y te enseña a ganar y a perder, a apreciar el dolor y la gratitud, a reconocer la fuerza y la debilidad que nos acompañan siempre como personas.

Fracasar en equipo

¿Cómo asumir el fracaso de otras personas? En el mundo de la empresa, la clave de la respuesta a esta pregunta tiene que ver con la definición de expectativas. Tu equipo profesional debe sentirse seguro en situaciones en las que puede fracasar, y debe ser capaz de aprender del fracaso. La confianza en uno mismo, y en el resto de las personas del equipo, motiva a la gente a hacer ese esfuerzo extra que puede ser decisivo. Los cimientos de la confianza ― responsabilidad, colaboración, comunicación, iniciativa ― suelen ser un buen remedio para para la desazón de los fracasos.

Es importante definir un entorno aceptable para el fracaso, y a veces es bueno hacerlo explícito. Podemos convenir en que el fracaso es aceptable cuando intentas algo razonable en una situación de incertidumbre, o cuando es más peligroso no hacer nada ― o dedicarse a analizar ― que actuar y fallar. Hemos de asumir la posibilidad de fracasar cuando existe una oportunidad significativa de éxito, con un resultado deseable y bien definido. En estos casos, siempre es bueno que los puntos de partida y las premisas del proyecto estén documentados por escrito, y el riesgo asumido debe ser proporcionado a nuestra percepción de la situación.

Pero la gente también debe saber dónde están los límites a partir de los cuales se les exigirán responsabilidades. Por ejemplo, Mike Eskew, CEO de UPS, dejó bien claro que en la relación con el cliente los fallos no eran tolerables, aunque el personal podía realizar experimentos en cualquier otra área del negocio.

Parafraseando a Tolstoi, podría deciros que todos los éxitos se parecen, pero cada uno fracasa a su manera. Si vas a fracasar en equipo,  mi consejo es que ejercites la empatía e intentes reforzar la comunicación con tuequipo para comprender cómo asume el fracaso cada uno de sus miembros, transmitir con claridad cómo afecta la situación a tu estrategia, y reforzar la consistencia de tus principios y tu valores.

 

 

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